lunes, 28 de octubre de 2013

DE LA TELEVISIÓN Y EL CINE A LA LECTURA
Gemma Lluch


     Si hablamos de la influencia del relato audiovisual en la literatura infantil y juvenil actual, de una manera muy general, admitimos que la literatura más actual presenta una serie de características inducidas por el relato televisivo.  La tradicional situación inicial de las narraciones orales o de las novelas del siglo XIX que servían para fijar el marco de la narración desaparece porque a menudo ya es reconocido por el lector en la portada posterior o en la primera página.
     Si aceptamos que la televisión (y secundariamente el cine) es el principal administrador de relatos de los niños y adolescentes, compartiremos la opinión que la percepción que ellos puedan tener del verbo narrar planteará algunas diferencias notables con la que tiene el padre o el profesor de lengua y literatura. Martín-Barbero y Rey (1999: 27) defienden que la televisión desordena la idea y los topes del campo de la cultura en tres coordenadas esenciales:
  •  El espacio, la televisión provoca una desterritorialización de la forma de percibir lo próximo y lo lejano.
  •  La nación, la cultura pierde la ligadura orgánica con el territorio y la lengua que eran las bases del tejido propio y reestructura la anterior concepción de nación.
  •  El tiempo, La televisión confunde los tiempos porque fabrica un presente a la vez que descontextualiza el pasado.

    Aun cuando tradicionalmente se ha partido de la base que la televisión no enseña, deberíamos de indagar en el tipo de aprendizajes relacionados con la competencia narrativa que crean los relatos televisivos y los cinematográficos para la construcción lingüística, narrativa y literaria.        
Si partimos del análisis discursivo de dibujos animados y de seriales con protagonista humano que actualmente se encuentran en antena, las características son las siguientes: todas las cadenas repiten no solo el formato sino también las características. Mantienen una estructura lineal simple: planteamiento, nudo y desenlace. El relato se desarrolla fiel al tiempo cronológico, siguen un desarrollo progresivo lineal sin anacronías.
   En el caso del cine, los relatos juveniles que narran aventuras de iniciación acostumbran a plantear esquemas más complejos.
   Entendemos el cine y la televisión como un lenguaje más próximo al alumnado y que, por lo tanto, puede ser un medio para lograr los objetivos de la materia.
    No podemos ignorar el poder de los relatos audiovisuales, la mayoría de estas narraciones conforman lo que denominamos una cultura global en la cual nuestros estudiantes se encuentran inmersos y son copartícipes. Traer la discusión sobre esta cultura a clase para analizarla o aprovechar las competencias que crea es una forma de enriquecer el currículo escolar y, a la larga, facilitar nuestra tarea como docentes.

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